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Pin Armonizador - 3 Notas Pin Armonizador
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Pin Armonizador - 3 Notas

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Tres barras metálicas afinadas en Do, Mi y Sol sobre base de madera, con mazo incluido.

Sonido muy puro y sostén largo: tocadas lento son una melodía; tocadas rápido, las tres notas se superponen en un racimo brillante que queda titilando en el aire.

Aporta una voz aguda y cristalina dentro de una sesión de cuencos y gong, y es material ideal para trabajo musical con niños.

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Con tres barras afinadas sobre una misma base ya no estás marcando un momento ni comparando dos sonidos: estás tocando. Do, Mi y Sol —las tres primeras notas de la escala, las que todo el mundo reconoce— alcanzan para una frase breve, para un gesto ascendente que abre una sesión, para un descenso que la cierra, y para ese efecto de cascada que se produce al recorrer las tres seguidas y dejar que las resonancias se apilen unas sobre otras.

Procedencia y uso. El pin armonizador es un instrumento moderno, sin genealogía ancestral: viene del diapasón del afinador y de la campana que marca umbrales en salas de meditación. Su lugar natural hoy está en la sonoterapia, el yoga, la meditación y el aula. Los modelos de varias barras dieron un paso más: pasaron de ser una señal a ser un instrumento melódico en miniatura, capaz de aportar un color agudo y cristalino dentro de un paisaje sonoro construido con cuencos, gong y tambores.

Construcción. Tres barras de aleación metálica afinadas, cada una de un largo distinto, sujetas a la base de madera en sus puntos nodales — los puntos donde la barra casi no vibra. Fijadas ahí, quedan prácticamente libres y sostienen la nota largo rato; fijadas en cualquier otro lugar, el sonido se apagaría de inmediato. La base de madera hace de mango y mantiene las tres barras alineadas y a distancia cómoda para recorrerlas con un solo movimiento del mazo.

Afinación: Do, Re y Mi. Son tres grados consecutivos de la escala —no un acorde separado por saltos, sino tres peldaños seguidos— y eso define por completo el carácter del instrumento. Como melodía, es el comienzo de casi todo lo que un niño canta y el material con el que se enseña a leer música en medio mundo. Y como textura, al tocarlas rápido una tras otra, las tres quedan sonando a la vez y forman un racimo brillante, tenso y vibrante, muy distinto de la calma redonda de un acorde. Los dos usos están disponibles en el mismo instrumento y dependen solo de la velocidad de la mano.

Rasgo sonoro. Timbre muy puro, casi sin armónicos, ataque suave y sostén largo y parejo. Lo propio de este modelo aparece al tocar las tres barras seguidas: como cada nota sigue sonando cuando entra la siguiente, se superponen y lo que queda en el aire no es la suma de tres golpes, sino una sola masa de sonido que titila. Es lo que le da a este modelo su carácter de instrumento y no de accesorio.

Para quién es. Para sonoterapeutas y facilitadores que quieren una voz aguda y clara que contraste con la densidad de los cuencos y del gong; para profesores de yoga y meditación que buscan tres señales distintas o una frase breve para abrir y cerrar; para profesores de música, educadoras de párvulos y terapeutas que trabajan con niños —do, re, mi es exactamente el material con el que se empieza, y tres barras son suficientes para inventar melodías sin abrumar a nadie—; y para quien ya tiene un pin de una o dos notas y quiere dar el paso siguiente.

Cómo se toca. Se sostiene la base con una mano, dejando las barras libres, y se golpea cada barra por el centro con el mazo, con un movimiento corto y suelto. Mientras menos la sujetes, más largo suena. Dos gestos que vale la pena probar desde el primer día: recorrer las tres barras de grave a agudo en un solo movimiento continuo —la cascada— y hacerlo después al revés, mucho más lento, dejando que cada nota casi se apague antes de la siguiente.

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